COMISION DE ECUMENISMO Y DIALOGO INTERRELIGIOSO DE LA ARQUIDIOCESIS DE BUENOS AIRES

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DOCUMENTOS
           
 

 

uni DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS (343-353)

 

 

2. CATEQUESIS EN CONTEXTO ECUMÉNICO Y DE PLURALISMO RELIGIOSO

343. El fenómeno de la movilidad humana, ya sea por motivos de estudio o de trabajo o como huida de situaciones de violencia y de guerra, ha favorecido siempre el encuentro de pueblos diversos y en territorios nuevos frente a los que siempre han conocido la presencia de otras Iglesias y comunidades cristianas, o de otras religiones. La convivencia en las escuelas, en las universidades y en otros ambientes de vida de diferente fe, o el incremento de los matrimonios mixtos, invitan a la Iglesia a reconsiderar su pastoral y su propuesta de catequesis, en referencia a las situaciones concretas que se plantean allí.

Catequesis en contexto ecuménico

344. La Iglesia es por naturaleza una realidad dialogante26; en cuanto imagen de la Trinidad, y animada por el Espíritu Santo, está comprometida de modo irreversible en la promoción de la unidad de todos los discípulos de Cristo. Como toda acción eclesial, la catequesis también está intrínsecamente enmarcada en una dimensión ecuménica, bajo el impulso del Espíritu que conduce a la Iglesia católica a buscar con las otras confesiones cristianas esa perfecta unidad querida por el Señor, fundada sobre el Bautismo, las Sagradas Escrituras, el patrimonio de la fe común y, especialmente hoy, sobre la fuerte experiencia de compartir el martirio27. Por un lado, el anuncio del Evangelio y la catequesis están al servicio del diálogo y de la formación ecuménica; por otro, el mismo empeño por la unidad de los cristianos es vía e instrumento creíble de evangelización en el mundo.

345. La catequesis, sobre todo en los contextos en que son más visibles las divisiones entre los cristianos, tendrá cuidado en:

a. Afirmar que la división es una grave herida que contradice la voluntad del Señor, y que los católicos están invitados a participar activamente en el movimiento ecuménico, sobre todo con la oración (Cf. UR 1 y 8);

b. exponer la doctrina de la fe católica con claridad y caridad «respetando especialmente el orden y la jerarquía de las verdades (Cf. UR 11), y evitando las expresiones y maneras de exponer la doctrina que pudieran convertirse en obstáculos al diálogo».

c. presentar de manera correcta las enseñanzas de las otras Iglesias y comunidades eclesiales, destacando lo que une a los cristianos, y explicando en breve repaso histórico, lo que los divide. Además, la catequesis, por su valor educativo, tiene la tarea de suscitar en los que la reciben, un deseo de unidad, ayudándolos a vivir el contacto con personas de otras confesiones, cultivando la propia identidad católica en el respeto por la fe de los demás.

346. Por necesidad de la común tarea evangelizadora, y no sólo por motivos meramente organizativos, es importante que se prevean «determinadas experiencias de colaboración en el campo de la catequesis entre los católicos y otros cristianos como complemento de la catequesis habitual que, de todos modos, los católicos deben recibir». Tal testimonio de colaboración catequética entre los cristianos, aunque se limite por causa de las divergencias, especialmente en el campo sacramental, siempre puede ser fructuosa: «Si nos concentramos en las convicciones que nos unen y recordamos el principio de la jerarquía de verdades, podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio».

Catequesis en relación con el hebraísmo

347. «La Iglesia, Pueblo de Dios en la Nueva Alianza, al escrutar su propio misterio, descubre su vinculación con el pueblo judío, a quien Dios ha hablado primero entre los hombres para acoger su Palabra» y, reconociendo el rico patrimonio común, promueve y recomienda el conocimiento recíproco, la amistad y el diálogo (Cf. NA 4). De hecho, gracias a sus raíces hebreas, la Iglesia está anclada en la historia de la salvación. El diálogo hebreo-cristiano, conducido de manera honesta y sin prejuicios, puede ayudar a la Iglesia a comprender mejor algunos aspectos de su misma vida, sacando a la luz las riquezas espirituales custodiadas por el judaísmo. Serán objetivos del diálogo, ante todo, la decisiva toma de posición contra toda forma de antisemitismo y el común empeño por la paz, la justicia y el desarrollo de los pueblos.

348. Por estos motivos, también en la catequesis se debe tener una atención especial por la religión judía y por sus creencias, en particular al presentar los siguientes puntos decisivos:

a. Para los cristianos, el judaísmo no se puede considerar simplemente como otra religión, ya que el cristianismo tiene raíces judías, y las relaciones entre ambas tradiciones son únicas: «Jesús fue un judío, que se sentía en casa siguiendo la tradición judía de su tiempo, marcadamente formado en ese ambiente religioso».

b. «La Palabra de Dios es una realidad única e indivisa que asume de forma concreta el contexto histórico de cada uno»: ésta tiene su cumplimiento en Jesucristo y su expresión histórica en la Torá que expresa la intervención de Dios a favor de su pueblo.

c. El Antiguo Testamento es parte integrante de la única Biblia cristiana, y la Iglesia da testimonio de la propia fe en el único Dios, autor de ambos Testamentos, por tanto, no es admisible cualquier presunta oposición entre los dos.

d. La Nueva Alianza no sustituye a la Antigua Alianza de Dios con Israel, sino que la presupone: aquella primera Alianza nunca ha sido revocada (Cf. Rom 11,28-29) permanece en toda su validez y encuentra pleno cumplimiento en la que Jesús ha sellado con su misterio de salvación.

e. La Iglesia y el judaísmo no pueden ser presentados como dos caminos de salvación: de la confesión de la mediación salvífica universal y exclusiva de Jesucristo, corazón de la fe cristiana, no se deriva en modo alguno la exclusión de los judíos de la salvación; de hecho, «la Iglesia espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y “le servirán como un solo hombre” (Sof 3,9)» (NA 4).

La catequesis en el contexto de las otras religiones

349. El fenómeno del pluralismo religioso no mira solamente a las naciones en las que el cristianismo ha sido siempre minoría, sino también a muchas otras sociedades, marcadas por las olas migratorias de las últimas décadas. Siendo tan variadas cultural, étnica, económica y socialmente, hay que reconocer de hecho que existen otros motivos para el encuentro de las religiones que ha modificado entre los cristianos el modo de vivir la experiencia de la fe, cuestionando a los creyentes sobre las verdades de sus contenidos y sobre la libertad de elección. Esta situación relativamente reciente, junto a la otra de vivir la propia fe cristiana en condiciones de minoría, empuja a la Iglesia a considerar el significado de la relación de sus propios hijos con las otras religiones, incluso bajo el punto de vista catequético. En esta reflexión, la Iglesia «considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces refleja un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres» (NA 2). 350. La catequesis con cristianos que viven en contextos de pluralismo religioso tendrá algunas consideraciones:

a. Profundizar y reforzar la identidad de los creyentes, sobre todo en un contexto de minorías, a través del conocimiento del Evangelio y de los contenidos de otras religiones, mediante un proceso de inculturación de la fe;

b. ayudar a los creyentes a crecer en discernimiento respecto a las otras religiones, reconociendo y apreciando las semillas del Verbo presentes en ellas, y dejando aquello que no esté conforme a la fe cristiana;

c. animar a todos los creyentes a adquirir un impulso misionero hecho de testimonio de la fe; de colaboración en defensa de la vida humana; de diálogo amable y cordial y, donde sea posible, de anuncio explícito del Evangelio.

351. Especial atención merecen las relaciones con los creyentes del Islam, sobre todo los que están presentes en países de larga tradición cristiana. Ante los episodios de fundamentalismo violento, la Iglesia, en su propuesta catequística y con agentes adecuadamente preparados, favorece el mutuo conocimiento y el encuentro con los musulmanes, como instrumento oportuno para evitar generalizaciones superficiales y dañinas.

Catequesis en el contexto de los nuevos movimientos religiosos

352. En las últimas décadas, y en áreas cada vez más amplias del mundo, se enfrenta la Iglesia al fenómeno de la proliferación de nuevos movimientos religiosos, con realidades muy diferentes y de difícil clasificación. Se trata de grupos que tienen denominaciones y matrices muy diversas; algunos hacen referencia de varios modos al cristianismo, pero se alejan de él por grandes diferencias doctrinales; otros derivan de religiones orientales o de cultos tradicionales; otros tienen elementos de magia, superstición, espiritismo, neopaganismo, y hasta satanismo; y, finalmente, hay otros movimientos que se denominan de potencial humano, se presentan con un rostro humanista y terapéutico. En no pocos casos, los diversos elementos de estos movimientos religiosos se fusionan en formas complejas de sincretismo. Si por un lado estos movimientos son «una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista», y llenan «un vacío dejado por el racionalismo secularista», por otro lado, parecen aprovecharse de las exigencias de las personas marcadas por tantas formas de pobreza o de carencias en la vida. Es necesario reconocer que no siempre la comunidad cristiana está preparada para responder a aquellos cristianos que, teniendo una fe poco profunda, necesitan mayor cuidado y acompañamiento y encuentran después en los nuevos movimientos satisfacción de sus necesidades.

353. Ante este fenómeno que plantea un gran desafío a la evangelización, la Iglesia particular está llamada a interrogarse para interpretar qué mueve a algunos cristianos a acercarse a estos nuevos movimientos religiosos. Para que cada bautizado siga abriéndose a la buena noticia del Señor «agua viva para su sed» (Cf. Jn 4,5-15), y se afiance más en la comunidad cristiana, la obra catequética hará resaltar algunos elementos:

a. Anunciar el kerygma de Jesús, Sabiduría de Dios, que con su Pascua trae la paz y la alegría verdaderas como propuesta de sentido para la vida de la persona que, particularmente hoy, busca bienestar y armonía;

b. comprometerse para que la Iglesia sea una verdadera comunidad viva de fe, libre de formalismos vacíos, fríos, capaz de acogida y cercanía, activamente atenta a las personas que viven en sufrimiento, pobreza y soledad, dispuesta a valorar el aporte de cada uno;

c. garantizar un conocimiento bíblico y doctrinal de base, haciendo accesible y comprensible a todos la Sagrada Escritura, por medio de oportunos instrumentos catequísticos de carácter sencillo; d. poner especial atención a los símbolos, gestos y ritos de la liturgia y de la piedad popular, no disminuyendo su carga afectiva que toca más fácilmente el corazón de cada uno.

Se deberá conceder una atención particular a cuantos, desilusionados o heridos por esta experiencia, sienten la necesidad de regresar a la comunidad cristiana. Es importante que sean acogidos sin ser juzgados y que el catequista pueda desarrollar con ellos una tarea de recuperación y reinserción en la comunidad con claridad y comprensión.

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Su Santidad el Papa Francisco, en Audiencia concedida al suscrito Presidente el 23 de marzo de 2020, Memoria litúrgica de Santo Toribio de Mogrovejo, aprobó el presente Directorio para la Catequesis y ha autorizado su publicación. ✠ Salvatore Fisichella Arzobispo tit. de Voghenza Presidente ✠ José Octavio Ruiz Arenas Arzobispo emérito de Villavicencio Secretario

 

 

 

 

 

 

 
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